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Somos el destino

por Jon Borschow, Presidente de Foundation for Puerto Rico

Mientras dormíamos, arropados por la ilusión de que éramos sabios y autosuficientes, nos cayó encima el siglo XXI. Mientras peleábamos por tonterías, el mundo nos dejó atrás. Mientras nuestros líderes bailaban y nos hacían bailar al ritmo de su “jingle” del momento, malgastamos y nos endeudamos de manera insostenible.

Mientras aquí dormíamos, en el resto del mundo la creación de valor a través de la innovación y el conocimiento ha ido desplazando los motores tradicionales de desarrollo económico. Mientras nuestro modelo educativo se estancaba, el mundo produjo millones de ingenieros y científicos. Mientras importábamos y consumíamos, otros aprendieron a exportar conocimiento, tecnología y servicios y nosotros a exportar nuestro talento. Mientras disputábamos cuál idioma era la prioridad y no enseñamos ninguno bien, el mundo aprendió a ser multilingüe Mientras seguimos buscando cómo zapatearnos, individual y colectivamente, del lio que hemos creado, nos seguimos hundiendo.

La realidad no nos quita el puño de la cara, tenemos los acreedores en la puerta, tenemos que tomar medidas con el fisco y con la deuda. Hay que reformar el gobierno -romper el ciclo del bacalao, del guiso y del buscón- impulsar la transparencia y corregir la improductividad de tantas agencias. Igualmente, tenemos que reformar el sector privado que ya no sabe lo que es crear valor y ha confundido el concepto de innovación con la creación de campañas de publicidad. Aun así, ningunas de estas medidas nos salva, si no entendemos el mundo del siglo XXI.

Usemos la alquimia sicológica para convertir estas difíciles realidades en oportunidades. Un mundo cada día más rico busca nuevos destinos y experiencias únicas que traducen en una enorme industria “economía del visitante”. Valorada globalmente en $9 billones anuales, Puerto Rico (un destino de clase mundial) captura solamente $7,000 millones.

Puerto Rico es un destino que permite innumerables experiencias como vacacionar, vivir, establecer empresas mundiales, mejorar la salud y educarse; así como inspirarse y recalibrar la vida, refugiarse del frío y hasta del calor. Tenemos la localización geográfica perfecta, un clima insuperable, belleza natural envidiable y mucho más que playas. Contamos con infraestructura física y tecnológica, excelente accesibilidad interna, aeropuertos de alcance intercontinental y puertos para cruceros. Tenemos profundidad intelectual, cultura auténtica, calor humano, sentido de humor, música, baile, arte y gastronomía.

Duplicando nuestra “economía del visitante” a $14,000 millones, podemos crear 70,000 empleos sostenibles. Se van a llenar los hoteles, posadas, paradores, casas de playa, apartamentos y habitaciones alrededor de la isla. Se van a llenar los museos, galerías, conciertos, restaurantes y chinchorros. Se van a llenar las universidades y se fortalecerá la industria de la salud. Vamos a convertirnos en la isla de las convenciones y festivales. Vendrán voluntarios a limpiar las playas, a cosechar el café y a jugar dominó en las plazas. ¡Vendrá el mundo a aprender cómo se hace!

Para que esta visión se realice, tenemos que entenderla y compartir las oportunidades de eslabonamientos que crea para todos. Tenemos que activar nuestros genes colaborativos e invertir nuestra energía y talento colectivo en diseñar y desarrollar una “economía del visitante” a la altura del siglo XXI, visionaria, avanzada, digital, sofisticada y comprometida con la excelencia.

Tenemos que usar nuestras organizaciones comunitarias para establecer redes de proveedores y diseñar experiencias para todos los gustos. Nuestras universidades para educarnos sobre los temas relevantes y crear narrativas y estrategias. Nuestras empresas locales de tecnología de información para desarrollar plataformas digitales que nos conecten directamente con potenciales visitantes de todas partes. De todo este trabajo, surgirán las políticas públicas que le tocará al gobierno implantar.

Si invertimos nuestra alma y nuestro corazón en transformarnos en torno a esta nueva visión, la economía va a crecer y las dolorosas y disputadas medidas para tratar de salvar el fisco no serán en vano. No hay otra estrategia que nos saque de esta recesión. Invito a nuestros líderes políticos, empresariales y comunitarios a que juntos la hagamos realidad.

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