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Otro Puerto Rico

por Jon Borschow y José Joaquin Villamil

Aún en momentos como el actual, podemos aspirar a un mejor Puerto Rico, uno en que la mezquindad política ceda a la unión de todos por buscar soluciones, en que mirar el futuro de noviembre en noviembre ceda a una visión concertada de un mejor futuro para las nuevas generaciones.

Ese otro Puerto Rico debe también estar firmemente anclado en un entendimiento de nuestro entorno global y de las transformaciones que en él ocurren.

Cuando Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel en Economía visitó Puerto Rico, dijo que no desperdiciáramos la crisis que nos ha caracterizado por varios años. Tiene razón Stiglitz, de las crisis surgen las transformaciones necesarias.

Para muestra no hay nada más que ver la historia. De la Gran Depresión de los años treinta, en los Estados Unidos, surgió lo que es aún hoy una nueva manera de gobernar y de afrontar los problemas sociales y económicos.

Lo mismo podría decirse de otros países en Europa, Asia y aún en nuestra América, donde las grandes transformaciones surgieron de crisis profundas.

En China una crisis de insostenibilidad ambiental, económica, y poblacional ha impulsado la transformación socio-económica más importante en la historia. En una sola generación, un país de 1,300 millones se ha movido del hambre y la pobreza a convertirse en la economía más grande del mundo; se ha movido de un comunismo dogmático, cruel y esclavizante a un proyecto pragmático y empresarista para mejorar la prosperidad y la salud de su pueblo persiguiendo oportunidades económicas en el mundo.

Cuenta con una visión ambiciosa y expansiva de una nueva China como líder mundial, no solo en la productividad manufacturera, sino en la tecnología y la innovación.

UNA CRISIS DE VISIÓN. La crisis que vive Puerto Rico no es solamente fiscal y económica. Peor es la crisis de visión que hemos padecido por décadas.

Sin una visión del futuro que queríamos como sociedad, fuimos ajustándonos al deterioro con medidas que lejos de movernos a una transformación renovadora, la pospusieron y los problemas que nos aquejan empeoraron.

¿Qué hacer? Lo primero y más necesario es reconocer que el modelo vigente de conducir la sociedad y atender los problemas económicos y sociales ya no responde a las nuevas realidades locales y globales.

Necesitamos un nuevo modelo que incorpore, no solamente versiones oficialistas de nuestro futuro, sino que recoja el sentir de una Sociedad Civil resurgente y lo haga parte integral de una nueva visión.

En efecto, que sea capaz de delinear, un modelo de sociedad que nos permita exitosamente perseguir nuestra oportunidad económica en el siglo XXI a través del fomento de las exportaciones industriales, de tecnología y de servicios innovadores, y el desarrollo de Puerto Rico como destino para el mundo a la vez que propicie la sana convivencia resultado de una sociedad incluyente, en que todos somos responsables por su devenir.

LO QUE SE NECESITA. Para lograr esa visión, es imprescindible que se hagan los cambios en las leyes, reglamentos y organizaciones del gobierno, así como también en la cultura, en el sentido amplio de la palabra, pues es lo que define como actuamos, como respondemos a los retos y como estructuramos las soluciones.

No podemos ser exitosos en la transformación con las mismas estructuras, procesos y cultura social que se engendraron en un mundo que ya pasó. Tenemos que transformar la cultura del crecimiento en la cultura de la sostenibilidad, sobre todo social.

EL ENTORNO GLOBAL. Necesitamos principios que nos ayuden a organizar los esfuerzos. En lo económico, es imprescindible que Puerto Rico parta de un entendimiento de la oportunidad que ofrece el entorno global.

A este se le puede llamar la exportación siglo XXI y la economía del visitante, actividad que no solo recibe personas del resto del mundo a través del turismo, sino que nos lleve a ser parte de las tendencias globales en la tecnología, que inserte nuestra cultura y nuestras empresas en las oportunidades globales.

MODELO PARA EL MUNDO. Podemos ser nuevamente un modelo para el mundo, ahora por nuestra capacidad de gobernar de manera incluyente sin dejar de ser jugadores efectivos en el escenario global.

Debemos repensar la manera en que hemos definido el desarrollo. El Premio Nobel A.K. Sen lo define como el proceso de expandir las oportunidades económicas, la libertad individual, el acceso a los servicios sociales, la seguridad y la transparencia. Está implícito en esta definición que el desarrollo es para todos – reducir la desigualdad y la aumentar la movilidad social deben ser prioridades – pero igualmente fomentarlo es responsabilidad de todos.

Aprovechemos esta crisis para forjar una nueva visión, ambiciosa y transformadora para Puerto Rico. Creemos juntos una sociedad integradora y no excluyente para asumir nuestro rol en el mundo.

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