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Nosotros no somos los únicos

Nosotros nos sentimos como víctimas muy especiales de nuestra crisis – solitos, abandonados y hasta maltratados. La Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos acaba de votar abrumadoramente para imponer una junta fiscal y el Tribunal Supremo de los EEUU afirma que el Congreso tiene toda la autoridad necesaria para hacerlo.

Pero no somos nosotros los únicos que la estamos pasando difícil. En el mundo hay muchos países que están atravesando una crisis que amenaza su paz y prosperidad. Sus economías pierden su sustento, se producen emigraciones en masa y, en algunos casos, hasta violencia y gran tragedia. Nos enteramos porque observamos esas consecuencias trágicas a diario en los noticieros – Grecia, Siria, Egipto, Libia, Nigeria, Zimbabue, Haití, Venezuela, Brasil, Pakistán, Bangladesh – la lista es larga. No tenemos que mirar tan lejos, hasta dentro de los EEUU hay regiones y sociedades con nuestros problemas:

La economía del estado de West Virginia históricamente se basaba en la extracción de carbón. Hoy, el carbón ya no sostiene la economía porque se está agotando la vena y no es económico extraer el remanente, porque contamina el ambiente y porque el proceso de extracción se ha mecanizado al punto que se generan muy pocos empleos. Se veía venir hacen años, pero los políticos y la industria carbonífera siguieron reclamando que West Virginia era víctima de una gran injusticia, alegando que Washington le había “declarado la guerra” al carbón y luchando por que se le diera más ayuda económica y se le eximiera de requisitos ambientales. Hoy, casi empatan con Mississippi como el estado más pobre.

El estado vecino de Kentucky cuenta con la misma geología que West Virginia y su economía también se basaba en la extracción de carbón. A diferencia de West Virginia, Kentucky proactivamente comenzó a diversificar su economía hacen décadas. Hoy, cuenta con algunas de las plantas de manufactura automotriz más modernas del mundo y es la sede de algunas de las empresas de salud más importantes de los EEUU.

Después de una generación de oportunidades perdidas, los ciudadanos de West Virginia se están comenzando a organizar para construir un nuevo futuro. Están aprendiendo que no lo va a diseñar la industria carbonífera, sino una ciudadanía comprometida e informada. Están explorando sus raíces y descubriendo lo que habían perdido de vista durante generaciones de obsesión con el carbón, que su estado tiene muchos activos: belleza natural, topografía única y herencias históricas importantes que una nueva economía puede aprovechar. Están aprovechando sus activos para recibir visitantes, cultivando comestibles sabrosos en los suelos minerales y hasta redescubriendo técnicas artesanales de soplado de vidrio que trajeron los inmigrantes italianos de la antigua isla de Murano en el siglo XIX.

Ahora, ¿qué vamos a hacer en Puerto Rico? ¿Marchas de protesta en Washington, montarle un piquete al Tribunal Supremo, acudir al comité de descolonización de la ONU? ¿Vamos a seguir escuchando las promesas vacías de los políticos de todo lo que nos van a dar después de las elecciones? ¿Vamos a seguir pensando que todo esto es un ciclo económico y que la situación va a revertir a como estaba antes? O peor aún, ¿vamos a cruzarnos los brazos a ver lo que pasa para entonces terminar cruzando el charco pa’l continente?

Sería una gran lástima que en Puerto Rico, al igual que West Virginia, perdiéramos otra generación de juventud y talento a la emigración, porque no tuvimos la imaginación de juntarnos para diseñar y emprender un nuevo rumbo, porque nos quedamos en el lamento de lo que fuimos y ya habíamos dejado de ser, porque vivíamos de la ilusión de que algo nos tocaba, que alguien nos debía o que, como en tiempos bíblicos, la mana y las codornices nos van a caer del cielo.

Entonces, Puerto Rico, tenemos que decidir. ¿Vamos a seguir viéndonos como víctimas y buscando panaceas o vamos a enrollarnos las mangas y ponernos a construir lo que nadie nos va a regalar, nuestro futuro?

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