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Jota O, el Panadero
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Jota O, el Panadero


por: Jon Borschow, Presidente por Foundation for Puerto Rico

Tengo un amigo que tiene acceso a una pequeña avioneta y, como volar es su pasión, siempre busca alguna excusa para hacerlo. Así que me invitó a acompañarlo en un vuelo a un “destino secreto”. Me prometió que iba a disfrutar de esta experiencia y que regresaríamos a San Juan a tiempo para participar en el desayuno dominical de rigor.

Aterrizamos en la inmensa pista de la antigua Base Ramey en Aguadilla, reliquia de la guerra fría y hoy eje de desarrollo económico regional. A pasos de donde nos bajamos de la avioneta, nos encontramos frente a una panadería. No me podía imaginar que habíamos volado hasta Aguadilla a comprar pan. Lamentablemente, la panadería aún no había abierto, pues su horario dominical era otro, así que habría que regresarse sin pan para el desayuno. Al fondo del local veíamos a los panaderos en constante movimiento. Un empleado nos vio alicaídos y nos vino a atender, explicándonos que no podía vendernos pan porque tanto la caja registradora, como el personal que atiende a los clientes aún no estaban operando. Fue entonces cuando se asomó el dueño y nos dijo que como no nos podía vender el pan, nos lo regalaba. ¡Cuán refrescante, un empresario que se negaba a evadir el IVU!

Lo conocen como Jota O. Su historia personal de combatir la adicción y rehabilitarse; su transformación en empresario social, rescatando adictos a veces hasta ayudarlos a convertirse en empresarios, ha sido cubierta en los medios. Su fama como genial panadero artesanal y, como ser humano, es tal que los hoteles y restaurantes más importantes de Puerto Rico le compran pan.

Para hacer sus panes artesanales, Jota O usa una harina especial importada al país. A veces, como no hay muchos panaderos que la usan aquí, la harina se pasa de su fecha óptima y no puede hacer pan con ella, pues no cumple con sus altos estándares. En invierno, cuando llegan numerosos visitantes de afuera a Isabela, Aguadilla y Rincón, se forma una fila internacional en la panadería y no dan abasto. Así que está planificando expandir su operación para hacer mucho más pan,  pero sin bajar la calidad. Explica que, así lograría las escalas necesarias para asegurar, con su volumen solamente, la frescura de la harina.

Busca siempre usar ingredientes locales y ha descubierto que hay una mantequilla que se hace en Puerto Rico de clase mundial; mejor que la que se trae a sobreprecio de Europa.  ¿Quién se lo podía imaginar? La compra en bloques de 50 libras, pero ya se acercó a los que la elaboran, enfatizándoles la calidad de su producto y les sugirió que la envasaran en empaques pequeños para el consumidor local. Encaminada ya va esta tarea.

Aquí hay muchas lecciones que aprender y mucho aliento para Puerto Rico. En ésta Semana del Emprenderismo, observemos cómo un individuo con visión, capacidad, disciplina, esmero e integridad puede transformarse y, a su vez, cambiar el ambiente que lo rodea. Este maestro nos enseña con su ejemplo, su conocimiento y su habilidad. Visualiza el mundo con un lente diferente que identifica oportunidades y las convierte en realidades. Observando la trayectoria de Jota O, vemos claramente que dónde muchos ven obstáculos paralizantes, otros ven posibilidades ilimitadas y se mueven para aprovecharlas. Que dónde muchos abaratan costos y calidad para “competir”, otros aumentan su calidad hasta el punto en que la gente aspira a volar a un “destino secreto” para disfrutar de una experiencia sin igual.

En la metáfora de este vuelo a un “destino secreto” está el secreto de nuestro éxito en el futuro. Construyendo e integrando experiencias únicas como las de saborear el pan de Jota O, quizás acompañado de la más fina mantequilla del país, convirtamos a Puerto Rico en uno de los destinos aspiracionales para el mundo, como lo es Paris, Roma o Machu Picchu.  ¡Porque cuando se aspira algo, el deseo nos lleva a volar hasta alcanzarlo!

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