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Imaginándonos cómo somos

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

Un reciente domingo me excusé de una salida familiar al cine para caminar por la calle Cerra y observar y participar de “Santurce es ley”, un evento cultural auténticamente puertorriqueño. Esta agregación de arte, gastronomía y música atrajo puertorriqueños de todo nivel económico a uno de los barrios más pobres y maltrechos de Santurce. Literalmente, se retomaron las calles típicamente demarcadas por puntos de drogas, hospitalillos y aceras-dormitorio, para actividades sanas donde padres, hijos y abuelos se animaban ante la riqueza de experiencias a disfrutar. El desfile de bicicletas transformadas en arte multimedia, las alcapurrias calentitas bajando a la calle desde el balcón de un segundo piso en baldes plásticos por medio de una polea y una soga para ser consumidas por parejas jóvenes vestidas de estilos individualistas que competían con los bicicleteros. El consumo de alcohol fue accesorio al consumo cultural y artístico, y no al revés.

Como observador, me dediqué a escuchar algunas conversaciones y a provocar otras. Descubrí que entre la multitud puertorriqueña habían gente que, hablando inglés, discutía cómo habían tenido la suerte de llegar a participar de esta experiencia. Le pregunté a uno de los galeristas cómo promovían que los que visitaban Puerto Rico pudieran llegar adonde ellos y me explicaron que se esforzaban en establecer relaciones con algunos de los taxistas para así lograrlo.

Me puse a pensar y a imaginar cómo sería este evento si se unieran a nuestra multitud miles de visitantes de todos los lugares del mundo para participar de esta experiencia. Que hubiera tantas personas interesadas en participar de una experiencia auténtica puertorriqueña que este evento continuara como una instalación tan permanente como nuestros Museos de Arte, nuestro Conservatorio y nuestro Centro de Bellas Artes. Que todas las noches hubiera obras teatrales en el Ambassador y el Matienzo y que la Ponce de León fuera la sede de hoteles y restaurantes frecuentados por gente que hablase español con diversos acentos, portugués, italiano y francés y, por qué no, mandarín, japonés, ruso y, desde luego, inglés.

Imaginemos a un millón de visitantes adicionales que llegasen anualmente a Puerto Rico y todos ellos interesados en participar en todas las dimensiones de nuestra experiencia auténtica: la experiencia de “Santurce es ley”, la de la calle Loíza y la de Casa Blanca en la calle Tapia. Que viviesen la experiencia de Piñones, la del Caño Martín Peña, la de Puente Blanco en Cataño, la de Toro Verde, la del Museo de Arte de Ponce y de La Guancha, la de la Hacienda Buena Vista, las de Rincón, Joyuda, Fajardo, Maricao y de Toro Negro.

Todo esto encadenando y transformando las vidas de esos barrios como lo hizo durante un fin de semana un pequeño festival en la calle Cerra en Santurce.

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