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Economía obsoleta en crisis

Hoy, Puerto Rico rinde planillas y confronta la realidad de una crisis fiscal, ya el gobierno no puede vivir del fiao’ y el ciudadano no aguanta que le saquen un centavo más. El liderato Republicano del Congreso, temiendo que el Tribunal Supremo Federal se le adelante y avale la ley de quiebras criolla, se apresura a legislar un mecanismo de restructuración de deudas, cosa que explícitamente le habían negado a la Isla por décadas y que, según su redacción actual, resulta casi inefectivo.

Incluido en el proyecto de ley Federal, el nombramiento de una junta fiscal que obligue a Puerto Rico a cumplir con la disciplina de un presupuesto. El debate en el Congreso y en Puerto Rico gira alrededor de temas desde, lo injusto que sería la imposición de la Junta y cómo Puerto Rico podría crear y mantener su propia disciplina fiscal, hasta quiénes serían nombrados como miembros de dicha Junta. Ausente del proyecto de ley el reconocimiento de la necesidad de una estrategia de desarrollo económico para Puerto Rico. ¿Y cómo lo va a reconocer si nadie la propone?

En Puerto Rico hay una crisis invisible aún más profunda que la insolvencia de un gobierno obsoleto – es la crisis de una economía obsoleta. Lleva una década decreciendo, no porque el gobierno estuviera inoperante por alguna crisis fiscal, sino porque las estrategias de desarrollo económico del pasado ya no son relevantes. El mundo ha cambiado demasiado y Puerto Rico se ha quedado atrás y no va a haber restructuración fiscal alguna – local o federal – que nos salve de las consecuencias de no atender de raíz nuestra falta de un rumbo económico certero.

Ya pasaron los tiempos donde nuestras empresas de negocios podían nutrirse exclusivamente de la actividad económica local, importando y revendiendo cosas que no producíamos o viviendo de contratos que repartía el gobierno, del banco de favores de campaña. Nuestras empresas sociales ya no pueden depender de las dádivas del gobierno; convirtiéndose en extensiones de un fisco ahora insolvente. Todo aquello no era más que una ilusión insostenible que resultaba de una economía que se estimulaba con el crecimiento de los fondos federales y de presupuestos gubernamentales que se cuadraban con la muletilla del fiao’ de los bonistas. Mientras tanto, continuó bajando nuestra productividad, en comparación con la de un mundo cada día más competitivo.

Hoy, aparte del gobierno que, por primera vez enfrenta las consecuencias de su insolvencia, están sufriendo y hasta cerrando muchísimos negocios y empresas sociales, porque dependen exclusivamente de la actividad económica local; cuando se ha reducido la población en más de un 10% y el tamaño de la economía en casi un 20%.

Para arrestar el colapso de una economía obsoleta, tenemos que organizarnos y ponernos creativos desarrollando nuevas fuentes de actividad económica que no originen del bolsillo local. Tenemos que entender y aprovechar un mundo cambiante y constantemente investigar las tendencias y adelantos globales, atemperando nuestras estrategias a las oportunidades que arrojan estos cambios.

Tenemos que transformarnos en un destino premier para visitantes y asegurar que su aportación económica toque todas las geografías y sectores económicos de la Isla y se deposite en la mayor cantidad de bolsillos locales posibles. Ya hemos identificado más de 20 acciones necesarias para impulsar esta transformación.

Necesitamos aumentar dramáticamente el número de inversionistas, tanto locales, como atraer otros de afuera que desde aquí se dediquen a crear productos y servicios tecnológicos e innovadores para exportarlos.

Necesitamos realizar esfuerzos agresivos para reducir nuestras insosteniblemente excesivas importaciones. Comenzando por aprovechar el potencial de 400,000 cuerdas disponibles para expandir nuestra economía agrícola; utilizando estrategias y tecnologías más avanzadas del siglo XXI y produciendo, no solo para consumo local, sino para la exportación.

No es posible lograr el crecimiento económico que necesitamos sin contar con estrategias claras, entendidas y compartidas por todos, que enfoquen las fuerzas vivas de esta Isla en las oportunidades que hoy nos ofrecen las mayores posibilidades de éxito. ¡Es tiempo!
economia obsoleta

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