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Archive for category: Jon Borschow

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Nosotros no somos los únicos

Nosotros nos sentimos como víctimas muy especiales de nuestra crisis – solitos, abandonados y hasta maltratados. La Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos acaba de votar abrumadoramente para imponer una junta fiscal y el Tribunal Supremo de los EEUU afirma que el Congreso tiene toda la autoridad necesaria para hacerlo.

Pero no somos nosotros los únicos que la estamos pasando difícil. En el mundo hay muchos países que están atravesando una crisis que amenaza su paz y prosperidad. Sus economías pierden su sustento, se producen emigraciones en masa y, en algunos casos, hasta violencia y gran tragedia. Nos enteramos porque observamos esas consecuencias trágicas a diario en los noticieros – Grecia, Siria, Egipto, Libia, Nigeria, Zimbabue, Haití, Venezuela, Brasil, Pakistán, Bangladesh – la lista es larga. No tenemos que mirar tan lejos, hasta dentro de los EEUU hay regiones y sociedades con nuestros problemas:

La economía del estado de West Virginia históricamente se basaba en la extracción de carbón. Hoy, el carbón ya no sostiene la economía porque se está agotando la vena y no es económico extraer el remanente, porque contamina el ambiente y porque el proceso de extracción se ha mecanizado al punto que se generan muy pocos empleos. Se veía venir hacen años, pero los políticos y la industria carbonífera siguieron reclamando que West Virginia era víctima de una gran injusticia, alegando que Washington le había “declarado la guerra” al carbón y luchando por que se le diera más ayuda económica y se le eximiera de requisitos ambientales. Hoy, casi empatan con Mississippi como el estado más pobre.

El estado vecino de Kentucky cuenta con la misma geología que West Virginia y su economía también se basaba en la extracción de carbón. A diferencia de West Virginia, Kentucky proactivamente comenzó a diversificar su economía hacen décadas. Hoy, cuenta con algunas de las plantas de manufactura automotriz más modernas del mundo y es la sede de algunas de las empresas de salud más importantes de los EEUU.

Después de una generación de oportunidades perdidas, los ciudadanos de West Virginia se están comenzando a organizar para construir un nuevo futuro. Están aprendiendo que no lo va a diseñar la industria carbonífera, sino una ciudadanía comprometida e informada. Están explorando sus raíces y descubriendo lo que habían perdido de vista durante generaciones de obsesión con el carbón, que su estado tiene muchos activos: belleza natural, topografía única y herencias históricas importantes que una nueva economía puede aprovechar. Están aprovechando sus activos para recibir visitantes, cultivando comestibles sabrosos en los suelos minerales y hasta redescubriendo técnicas artesanales de soplado de vidrio que trajeron los inmigrantes italianos de la antigua isla de Murano en el siglo XIX.

Ahora, ¿qué vamos a hacer en Puerto Rico? ¿Marchas de protesta en Washington, montarle un piquete al Tribunal Supremo, acudir al comité de descolonización de la ONU? ¿Vamos a seguir escuchando las promesas vacías de los políticos de todo lo que nos van a dar después de las elecciones? ¿Vamos a seguir pensando que todo esto es un ciclo económico y que la situación va a revertir a como estaba antes? O peor aún, ¿vamos a cruzarnos los brazos a ver lo que pasa para entonces terminar cruzando el charco pa’l continente?

Sería una gran lástima que en Puerto Rico, al igual que West Virginia, perdiéramos otra generación de juventud y talento a la emigración, porque no tuvimos la imaginación de juntarnos para diseñar y emprender un nuevo rumbo, porque nos quedamos en el lamento de lo que fuimos y ya habíamos dejado de ser, porque vivíamos de la ilusión de que algo nos tocaba, que alguien nos debía o que, como en tiempos bíblicos, la mana y las codornices nos van a caer del cielo.

Entonces, Puerto Rico, tenemos que decidir. ¿Vamos a seguir viéndonos como víctimas y buscando panaceas o vamos a enrollarnos las mangas y ponernos a construir lo que nadie nos va a regalar, nuestro futuro?

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Economía obsoleta en crisis

Hoy, Puerto Rico rinde planillas y confronta la realidad de una crisis fiscal, ya el gobierno no puede vivir del fiao’ y el ciudadano no aguanta que le saquen un centavo más. El liderato Republicano del Congreso, temiendo que el Tribunal Supremo Federal se le adelante y avale la ley de quiebras criolla, se apresura a legislar un mecanismo de restructuración de deudas, cosa que explícitamente le habían negado a la Isla por décadas y que, según su redacción actual, resulta casi inefectivo.

Incluido en el proyecto de ley Federal, el nombramiento de una junta fiscal que obligue a Puerto Rico a cumplir con la disciplina de un presupuesto. El debate en el Congreso y en Puerto Rico gira alrededor de temas desde, lo injusto que sería la imposición de la Junta y cómo Puerto Rico podría crear y mantener su propia disciplina fiscal, hasta quiénes serían nombrados como miembros de dicha Junta. Ausente del proyecto de ley el reconocimiento de la necesidad de una estrategia de desarrollo económico para Puerto Rico. ¿Y cómo lo va a reconocer si nadie la propone?

En Puerto Rico hay una crisis invisible aún más profunda que la insolvencia de un gobierno obsoleto – es la crisis de una economía obsoleta. Lleva una década decreciendo, no porque el gobierno estuviera inoperante por alguna crisis fiscal, sino porque las estrategias de desarrollo económico del pasado ya no son relevantes. El mundo ha cambiado demasiado y Puerto Rico se ha quedado atrás y no va a haber restructuración fiscal alguna – local o federal – que nos salve de las consecuencias de no atender de raíz nuestra falta de un rumbo económico certero.

Ya pasaron los tiempos donde nuestras empresas de negocios podían nutrirse exclusivamente de la actividad económica local, importando y revendiendo cosas que no producíamos o viviendo de contratos que repartía el gobierno, del banco de favores de campaña. Nuestras empresas sociales ya no pueden depender de las dádivas del gobierno; convirtiéndose en extensiones de un fisco ahora insolvente. Todo aquello no era más que una ilusión insostenible que resultaba de una economía que se estimulaba con el crecimiento de los fondos federales y de presupuestos gubernamentales que se cuadraban con la muletilla del fiao’ de los bonistas. Mientras tanto, continuó bajando nuestra productividad, en comparación con la de un mundo cada día más competitivo.

Hoy, aparte del gobierno que, por primera vez enfrenta las consecuencias de su insolvencia, están sufriendo y hasta cerrando muchísimos negocios y empresas sociales, porque dependen exclusivamente de la actividad económica local; cuando se ha reducido la población en más de un 10% y el tamaño de la economía en casi un 20%.

Para arrestar el colapso de una economía obsoleta, tenemos que organizarnos y ponernos creativos desarrollando nuevas fuentes de actividad económica que no originen del bolsillo local. Tenemos que entender y aprovechar un mundo cambiante y constantemente investigar las tendencias y adelantos globales, atemperando nuestras estrategias a las oportunidades que arrojan estos cambios.

Tenemos que transformarnos en un destino premier para visitantes y asegurar que su aportación económica toque todas las geografías y sectores económicos de la Isla y se deposite en la mayor cantidad de bolsillos locales posibles. Ya hemos identificado más de 20 acciones necesarias para impulsar esta transformación.

Necesitamos aumentar dramáticamente el número de inversionistas, tanto locales, como atraer otros de afuera que desde aquí se dediquen a crear productos y servicios tecnológicos e innovadores para exportarlos.

Necesitamos realizar esfuerzos agresivos para reducir nuestras insosteniblemente excesivas importaciones. Comenzando por aprovechar el potencial de 400,000 cuerdas disponibles para expandir nuestra economía agrícola; utilizando estrategias y tecnologías más avanzadas del siglo XXI y produciendo, no solo para consumo local, sino para la exportación.

No es posible lograr el crecimiento económico que necesitamos sin contar con estrategias claras, entendidas y compartidas por todos, que enfoquen las fuerzas vivas de esta Isla en las oportunidades que hoy nos ofrecen las mayores posibilidades de éxito. ¡Es tiempo!
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Puerto Rico merece otra oportunidad

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En el Congreso de los Estados Unidos, un grupo de inversionistas que ha estado especulando con nuestros bonos ha bloqueado nuestro acceso al Capítulo IX del Código de Quiebra Federal. Al parecer, tienen más influencia sobre nuestro futuro que los más de ocho millones de ciudadanos americanos. Bajo el accidentado constructo estatuario y jurídico-legal que ha evolucionado durante el último siglo nosotros, que somos ciudadanos americanos, tenemos derechos limitados mientras residamos en Puerto Rico y los recuperamos con solo mudarnos a Nueva York, Miami u Orlando. Ilustraremos a continuación el gran impacto económico de esta extraña desigualdad de derechos.

Nuestra gran diáspora de 4.6 millones de puertorriqueños es producto de múltiples olas de migración. Originalmente, huían de la pobreza y el hambre, pero eso ha cambiado marcadamente. Hoy, nuestros mejores farmacéuticos, enfermeros y médicos se están reclutando en cantidades insostenibles; mientras el Congreso mantiene reembolsos altamente desiguales de Medicare y Medicaid. Puerto Rico recibe menos fondos federales para la investigación académica y los mejores investigadores científicos sucumben a las ofertas de las grandes universidades norteamericanas. Nuestros ingenieros recién graduados se mueven directamente a empleos en la NASA, Silicon Valley u otros clústeres tecnológicos.

Los Estados Unidos han servido como un imán para el talento global, pero su política restrictiva de inmigración ha limitado su impacto en otros países, excepto aquí, donde todos somos ciudadanos de nacimiento y podemos migrar sin restricción. Hoy, la creación de valor y de riqueza deriva principalmente del conocimiento humano, por ende la extracción de capital humano es un gran problema económico. Puerto Rico ha perdido y, el resto de los Estados Unidos ha ganado, el beneficio económico de cientos de miles de personas educadas y productivas que equivalen a cientos de miles de millones de dólares en capital humano y propiedad intelectual.

Nuestra economía local de servicio y consumo, antes eje principal de la actividad económica local, ha sido absorbida por empresas transnacionales estadounidenses. Aprovechando sus cadenas de suministro globales, han reducido dramáticamente la producción y creación de valor local y diezmado empleos locales. De acuerdo a los economistas, cada empleo que se “crea” en una tienda “big box” se traduce en una reducción neta de 2.5 empleos en la economía local. Como resultado de los esfuerzos de estos gigantes de mercadeo, Puerto Rico hoy importa el 85% de su consumo, a un costo más alto porque se nos obliga a transportarlo en barcos de la marina mercante de los EEUU. Este nivel de importaciones extrae, insosteniblemente, decenas de miles de millones de dólares anualmente de la economía local.

Al eliminar el Congreso los incentivos contributivos de la Sección 936, que habían transformado a Puerto Rico en el centro mundial de manufactura de productos farmacéuticos y financiado gran parte de su infraestructura física, removieron de la Isla un baluarte de actividad económica, sin mejorar las recaudaciones del erario federal. Las farmacéuticas simplemente movieron su producción a otros países y ello desencadenó una cascada de eventos económicos adversos precursores de la crisis actual.

Nuestros gobiernos no entendieron que estos cambios no eran cíclicos, sino estructurales y tomaron más dinero prestado para estimular la economía. Ahora debemos $70 mil millones y estamos en el impago. La deuda, la fuga de capital humano y la perdida de riqueza local son retos grandes. El gobierno y sus departamentos y agencias se tienen que reformar, el padrinaje político-partidista tiene que ceder a una meritocracia profesional. Tenemos que implantar una nueva visión estratégica de desarrollo económico que gire alrededor de Puerto Rico como destino y exportador de innovación para el mundo.

Pero hoy, el Congreso de los Estados Unidos tiene que reconocer y asumir su gran responsabilidad por esta crisis desde su origen hace 117 años. Tiene que respaldar a Puerto Rico con soluciones apolíticas y lógicas que se alineen con esta nueva visión estratégica. La voz unida de todos los puertorriqueños debe reclamar acción inmediata para que la Isla pueda restructurar su deuda de manera ordenada.

 

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De la ideología a la inspiración

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

Si uno se deja llevar por las noticias, las ideologías peligrosas están acaparando el mundo. Los atentados terroristas engendran miedo y los demagogos se ponen las botas ampliando el miedo a través del lente digital de lo inmediato. Pero lo que estamos viendo es más bien un espasmo, violento y reactivo, que emana de aquellos que temen y se resisten a la acelerada y exitosa modernización del mundo. Se manifiesta en rincones de la humanidad donde reina la pobreza y falta la educación, y donde la sombra de la demagogia opaca la luz del conocimiento.

Mientras las ideologías nihilistas claman violentamente por la atención del mundo, las ideas, la democratización del conocimiento y las innovaciones – sociales y tecnológicas – lo están transformando tras bastidores. De 1990 a la actualidad, la pobreza mundial se ha reducido del 40% de la población a solo 10% y el analfabetismo ha bajado de 25% a 15%. Las oportunidades para los marginados y excluidos del mundo se multiplican. Hoy, una mujer en Calcuta o Kuala Lumpur y un niño en México o Medellín, pueden aspirar a una educación y acceder a herramientas digitales que los conectan con un mundo donde el intelecto humano es el motor del cambio y los cambios se propagan a velocidades digitales.

Vivimos en un lugar privilegiado donde no hay guerra ni hambruna ni terrorismo. Sin embargo, nuestras ideologías y polémicas, aunque no sean violentas, igualmente nos dividen. Nuestra crisis nos distrae de los cambios importantes que se están dando en el mundo. Nos ciega ante las oportunidades que se nos presentan y nos paraliza en la búsqueda de soluciones a los retos que enfrentamos. Lo más importante para este país no es necesariamente quién se postula, ni cuál partido vaya a ganar, ni cómo vamos a pagar la deuda, sino cómo nos visualizamos hacia el futuro, dentro de un mundo donde el cambio acelera.

Tenemos que valorizar las ideas y la innovación, aumentando dramáticamente la prioridad que le damos. Solo así podemos participar de la enorme transformación mundial que se está dando detrás de las noticias de primera plana. Necesitamos una visión clara de hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos. Tenemos que convertirnos en exportadores de innovación, respaldando nuestros in novadores locales y fortaleciendo nuestro ecosistema empresarial, facilitando la creación de empresas, su acceso a talento, a capital y a mercados mundiales, su vinculación con la academia y la comercialización de los esfuerzos investigativos.

Esta semana se inauguró en Santurce una nueva iniciativa, Parallel 18, que pretende ser un imán para atraer los mejores innovadores del mundo a que desarrollen proyectos exportables. Esta iniciativa del Fideicomiso de Ciencia y Tecnología, el Departamento de Desarrollo Económico y la Compañía de Fomento Industrial (PRIDCO), se une a una impresionante lista de organizaciones que, colaborando entre sí, han ido construyendo y fortaleciendo este importante ecosistema empresarial.

Tenemos que convertirnos en un destino para innovadores y emprendedores de todas partes del mundo para establecer sus empresas y exportar; creando empleos y riqueza. Puerto Rico como destino es un lugar tan privilegiado que los que vienen a establecerse aquí, lo hacen tanto o más por la experiencia de vivirlo, como por la oportunidad económica.

Rompamos con la mentalidad de crisis para re-visualizarnos como lo proponen los jóvenes innovadores de #CrisisIsland. Capitalizan en la atención mundial a nuestra crisis para montar un proyecto en las redes sociales que consiste de bellas imágenes y descripciones poéticas que nos exhortan a elevar la magia intacta de Puerto Rico ante los ojos del mundo:

“Se la suave brisa, la fuerza de las olas, el enigma y misterio del mar profundo… Llénate de memorias, vive, ama y, sobretodo, nunca dejes de sonreír, Puerto Rico es nuestro paraíso. Es tan difícil vivir en una isla rodeados de playas, lagos y ríos. Sacrificarse con atardeceres coloridos al salir del trabajo y nadar en aguas tibias. Rodearse de optimistas y personas alegres…escuchar música y moverse involuntariamente. Definitivamente Puerto Rico es una isla ‘en crisis”.

Jota O, el Panadero
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Jota O, el Panadero


por: Jon Borschow, Presidente por Foundation for Puerto Rico

Tengo un amigo que tiene acceso a una pequeña avioneta y, como volar es su pasión, siempre busca alguna excusa para hacerlo. Así que me invitó a acompañarlo en un vuelo a un “destino secreto”. Me prometió que iba a disfrutar de esta experiencia y que regresaríamos a San Juan a tiempo para participar en el desayuno dominical de rigor.

Aterrizamos en la inmensa pista de la antigua Base Ramey en Aguadilla, reliquia de la guerra fría y hoy eje de desarrollo económico regional. A pasos de donde nos bajamos de la avioneta, nos encontramos frente a una panadería. No me podía imaginar que habíamos volado hasta Aguadilla a comprar pan. Lamentablemente, la panadería aún no había abierto, pues su horario dominical era otro, así que habría que regresarse sin pan para el desayuno. Al fondo del local veíamos a los panaderos en constante movimiento. Un empleado nos vio alicaídos y nos vino a atender, explicándonos que no podía vendernos pan porque tanto la caja registradora, como el personal que atiende a los clientes aún no estaban operando. Fue entonces cuando se asomó el dueño y nos dijo que como no nos podía vender el pan, nos lo regalaba. ¡Cuán refrescante, un empresario que se negaba a evadir el IVU!

Lo conocen como Jota O. Su historia personal de combatir la adicción y rehabilitarse; su transformación en empresario social, rescatando adictos a veces hasta ayudarlos a convertirse en empresarios, ha sido cubierta en los medios. Su fama como genial panadero artesanal y, como ser humano, es tal que los hoteles y restaurantes más importantes de Puerto Rico le compran pan.

Para hacer sus panes artesanales, Jota O usa una harina especial importada al país. A veces, como no hay muchos panaderos que la usan aquí, la harina se pasa de su fecha óptima y no puede hacer pan con ella, pues no cumple con sus altos estándares. En invierno, cuando llegan numerosos visitantes de afuera a Isabela, Aguadilla y Rincón, se forma una fila internacional en la panadería y no dan abasto. Así que está planificando expandir su operación para hacer mucho más pan,  pero sin bajar la calidad. Explica que, así lograría las escalas necesarias para asegurar, con su volumen solamente, la frescura de la harina.

Busca siempre usar ingredientes locales y ha descubierto que hay una mantequilla que se hace en Puerto Rico de clase mundial; mejor que la que se trae a sobreprecio de Europa.  ¿Quién se lo podía imaginar? La compra en bloques de 50 libras, pero ya se acercó a los que la elaboran, enfatizándoles la calidad de su producto y les sugirió que la envasaran en empaques pequeños para el consumidor local. Encaminada ya va esta tarea.

Aquí hay muchas lecciones que aprender y mucho aliento para Puerto Rico. En ésta Semana del Emprenderismo, observemos cómo un individuo con visión, capacidad, disciplina, esmero e integridad puede transformarse y, a su vez, cambiar el ambiente que lo rodea. Este maestro nos enseña con su ejemplo, su conocimiento y su habilidad. Visualiza el mundo con un lente diferente que identifica oportunidades y las convierte en realidades. Observando la trayectoria de Jota O, vemos claramente que dónde muchos ven obstáculos paralizantes, otros ven posibilidades ilimitadas y se mueven para aprovecharlas. Que dónde muchos abaratan costos y calidad para “competir”, otros aumentan su calidad hasta el punto en que la gente aspira a volar a un “destino secreto” para disfrutar de una experiencia sin igual.

En la metáfora de este vuelo a un “destino secreto” está el secreto de nuestro éxito en el futuro. Construyendo e integrando experiencias únicas como las de saborear el pan de Jota O, quizás acompañado de la más fina mantequilla del país, convirtamos a Puerto Rico en uno de los destinos aspiracionales para el mundo, como lo es Paris, Roma o Machu Picchu.  ¡Porque cuando se aspira algo, el deseo nos lleva a volar hasta alcanzarlo!

Mi columna romana
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Mi columna romana

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

publicado en El Nuevo Día

En Puerto Rico ya estamos entrando en nuestro gran ritual electoral, una contienda por poder y beneficio económico con vestimentas ideológicas. Dividiéndonos por bandos, apelando a las emociones, nos cegamos a nuestras verdaderas oportunidades. Así hemos logrado, paradójicamente, uno de los niveles más altos de participación electoral voluntaria en el mundo y a la misma vez un marcado decrecimiento económico.

Al igual que Puerto Rico, Italia lleva una década sin crecimiento económico y está endeudada hasta el cuello. Los italianos han sufrido de una serie de gobiernos débiles y corruptos liderados por demagogos y financiados por oportunistas. En Roma y Milán, los estudiantes y las uniones obreras se enfrascan en interminables polémicas, marchas y protestas.

Sin embargo en Italia, donde nadie se pone de acuerdo, en lo único en que coinciden los grupos políticos, los sectores económicos, los estudiantes y las uniones obreras, si lo están, es en la prioridad del turismo. Es la industria más importante, que aporta cerca de $200,000 millones anualmente a la economía.

Miremos a Roma solamente, visitada anualmente por casi veinte millones de turistas. La población del centro histórico de la ciudad se duplica. Los museos, las galerías, los teatros, los jardines y los monumentos arqueológicos, así como las tiendas, los mercados y los restaurantes se llenan de visitantes. Sin el turismo, Roma estaría en una recesión. Cada sector está claro de que una porción de su actividad económica origina -directa o indirectamente- con el visitante y todos buscan aportar al éxito de esa empresa colectiva.

Los italianos emprendedores están construyendo nuevas e innovadoras experiencias para el visitante. Por ejemplo: bajo un palacio municipal romano, una excavación arqueológica de la villa de un senador del Siglo IV se transforma -con tecnología e imaginación- transportando al visitante en el tiempo a una escena de la Antigua Roma. En Trastevere, el Santurce de Roma, diversos establecimientos culinarios ofrecen una caminata gastronómica al atardecer donde los visitantes pueden saborear la variada cocina del barrio y compartir con los dueños y sus familiares, aprovechando así el tiempo muerto antes de la hora regular de la cena. Desde el proyecto más tecnológico al más humano, se crean experiencias, se crea valor.

¿Cómo logramos aprovechar este tipo de oportunidades y sinergias aquí en Puerto Rico? Pues, requiere varias cosas: que declaremos al turismo y la economía del visitante como una prioridad nacional. Tenemos que romper con el vaivén de las estrategias que varían por cuatrienio y como sociedad tenemos que conocer cuál es nuestra oferta al mundo en todas sus dimensiones, expandiéndola con nuestra capacidad innovadora y presentándola al mundo con tecnología y visión. Nos corresponde a todos definir la oportunidad, el papel y la responsabilidad de cada ciudadanoy cada comunidad para participar. Debemos realinear los papeles que juegan las organizaciones que participan en este espacio -los gremios, las asociaciones, las empresas sociales y las agencias del gobierno- alrededor de estrategias coordinadas donde cada organización esté dispuesta a ceder y asumir los papeles necesarios para que Puerto Rico realice su potencial.

El economista Bernardo Kliksberg, asesor de la Organización de las Naciones Unidas, enfatizó durante su visita a nuestra isla la pasada semana que la solución y la responsabilidad por un proyecto nacional de tal envergadura recaen en un esfuerzo de consenso, conjunto y colaborativo, para construir un nuevo tipo de entidad. La misma debe organizarse dejando a un lado los intereses individuales; y debe ser impulsada por una visión en consenso y estratégica, cuya única prioridad sea un mejor Puerto Rico para todos.

Imaginemos si juntamos toda esa voluntad participativa y toda esa energía colectiva de los puertorriqueños que observamos en nuestras contiendas electorales y las canalizamos en un esfuerzo que, en lugar de dividirnos y paralizarnos, nos permita colocar de nuevo a Puerto Rico en el panteón mundial de los países exitosos.

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Realidades difíciles y oportunidades

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

Llevamos semanas escuchando críticas al Plan de Ajuste Fiscal. Sabemos que el Gobierno intenta negociar con los acreedores para reducir la deuda pública y que propone reducir sus gastos operacionales, aumentar contribuciones e impuestos, así como impulsar varias medidas para mejorar la “competitividad”. Esto último propone alcanzarlo reduciendo los costos de energía eléctrica, de transportación marítima y, más controversialmente, reduciendo el salario mínimo y eliminando beneficios marginales.

Fortalecer la competitividad con “cambios estructurales” es importante (estamos demasiado atrás con este tema), pero tengamos claro que estas medidas que impactan nuestra economía local de servicio y consumo no nos van a sacar de la espiral de la recesión. Las empresas individuales podrían bajar sus costos operacionales, pero la competencia entre ellas las va a obligar a bajar los precios que cobran al consumidor y esto terminará cancelando los ahorros operacionales.

Veamos el escenario de bajar el salario mínimo en los negocios de la economía de servicio y consumo local, sean fondas, “fast foods”, megatiendas o proveedores de servicios. Al bajar el salario mínimo, empobrecemos a sus empleados, mientras el costo de vida sigue aumentando, todo ello sin la creación de nuevos empleos.

Además, recordemos que las manufactureras de fármacos se han ido de Puerto Rico, no porque el salario mínimo fuera alto, sino porque perdieron el subsidio federal y recibieron incentivos ventajosos de lugares como Singapur e Irlanda. Aprendamos de ello.

En Foundation for Puerto Rico entendemos que los cambios estructurales podrían ayudarnos a ser más competitivos si los aplicamos a nuestras oportunidades estratégicas: la exportación de bienes y servicios y la economía del visitante. Son nuestras empresas exportadoras -y, ojo, el turismo es una exportación-, las que generan nuevos ingresos de fuentes externas a Puerto Rico, crean oportunidad para muchos y aseguran un crecimiento económico sostenible. Cualquier reducción en los costos operacionales u otras barreras estructurales que las afecten podrían brindarles una “ventaja comparativa” versus otros lugares en el mundo que exportan bienes o servicios similares. Tenemos que tomar más en cuenta las necesidades de los exportadores al formular nuestra política pública.

Si buscamos que nuestra economía crezca y salir de una generación de estancamiento y una década de contracción, tenemos que romper con la inercia de los intereses escuetos y el cortoplacismo, sobre todo la obsesión electoral de los partidos políticos.

¿Cuándo vamos a entender que un plan de control fiscal no es y no puede ser una estrategia de desarrollo económico? Es impostergable el formular y avalar una estrategia clara de crear valor para el mundo como la tienen tantos países. Tenemos que entender cuáles son nuestras realidades difíciles y nuestras oportunidades reales. Las tenemos que convertir en alta prioridad, con unidad de propósito.

En este momento en que el país busca soluciones, tenemos una oportunidad importante de reconocer y respaldar públicamente una visión económica estratégica que enfatice la importancia de generar nuevas oportunidades de crecimiento y aproveche las fortalezas de Puerto Rico. Ya estamos empezando a movernos en dirección a esa visión, pero necesitamos que se priorice y se acelere su paso. Necesitamos que todos veamos esta oportunidad, el papel que nos toca jugar y asumir el compromiso de ponerla en marcha. Es apremiante que todos los sectores socioeconómicos nos juntemos para respaldar esta visión estratégica que va más allá de la reforma del fisco y de las mejoras estructurales.

En Foundation for Puerto Rico hemos estado trabajando con un sinnúmero de organizaciones comprometidas para crear “Juntos por Puerto Rico”. Éste es un movimiento unificador que integra al gobierno, a los partidos políticos, al sector privado y a los demás sectores no gubernamentales, en un ejercicio de consenso ambicioso y abarcador que propone como estrategia principal, insertar Puerto Rico robustamente en la economía global como un destino completo para visitar, estudiar, trabajar, invertir y vivir, aprovechando las oportunidades que nos presenta la economía del visitante. Ello nos dará la fuerza para convertirnos en el éxito que todos anhelamos.

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Nuestro Futuro Digital

“Utilicemos nuestro talento local para construir una plataforma digital de clase mundial que integre la oferta (turística), la riqueza y el sabor distintivo de cada región”

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El consumismo -el impulso de adquirir cosas materiales: prendas de ropa, relojería, joyas, bisutería- está sufriendo una transformación profunda. La gente se está moviendo a buscar satisfacción en su desarrollo personal. Busca experiencias -educativas, culturales, gastronómicas o artísticas y viajan para experimentar otras costumbres, tradiciones, ambientes y aventuras. Este cambio representa una gran oportunidad para Puerto Rico, pero para aprovecharla tenemos que convertir el turismo en una prioridad nacional.

Si queremos lograrlo, tenemos que entender que esto no es algo que les toca y beneficia solo a los hoteles, la Compañía de Turismo, los taxistas o a “los grandes intereses”. Todo Puerto Rico se beneficia -directa o indirectamente- de la actividad económica relacionada al visitante. En Foundation for Puerto Rico creemos que de ella podría depender nuestra recuperación económica, empleos y prosperidad futura.

Todos los negocios participan de la aportación del visitante, no solo los hoteles y los puntos turísticos tradicionales, sino los teatros, museos, cines, las galerías, tiendas al detal, proveedores de servicios, los dueños de propiedades residenciales, las comunidades, cooperativas, empresas sociales, universidades y hasta los bancos. Tienen que visualizar al visitante como eje estratégico y adaptar su oferta para específicamente incluirlo.

Pero, ¿cómo hacerlo? Convirtiéndonos al mundo digital, la tecnología y la innovación son aliados imprescindibles. Así crecieron Apple, Microsoft, Google, Facebook, Trip Advisor, Twitter, Amazon, Priceline, Netflix y LinkedIn. Desarrollaron estrategias y productos innovadores que cambiaron la manera en que nos proyectamos e interrelacionamos.

Nuestros visitantes buscan experiencias auténticas, pero los arrinconamos en la playa y la piscina del hotel o visitando una y otra vez los mismos destinos conocidos. A El Morro y El Yunque llega un millón de visitantes al año. ¿Cuántos se desvían a conocer la oferta cultural de Santurce, Bayamón, Barranquitas, San Germán o Maricao? Si lo hacen, ¿cómo les facilitamos la experiencia, asegurando que tengan transportación, señalización adecuada para que no se pierdan, que no pasen un mal rato o un susto y terminen refugiados en su hotel?

Tenemos que entender los gustos y las preferencias de nuestros visitantes y conectarlos a experiencias compatibles, en lugar de ofrecerles el mismo menú de experiencias a todos. Tenemos que identificar y visibilizar toda la diversidad de oferta que tiene Puerto Rico -los destinos, los eventos, las narrativas. Tenemos que visualizar cómo nuestra vida cotidiana puede ser de interés para ellos, cómo nos podemos compenetrar y provocar encuentros más cercanos; intercambiando algo de lo que somos, nuestra historia y sueños y creando redes de amistades que nos unan al mundo. Utilicemos nuestro talento local para construir una plataforma digital de clase mundial que integre la oferta, la riqueza y el sabor distintivo de cada región; que incluya además toda la oferta, gastronómica, artística, musical o cultural en un rico y dinámico tejido digital que pongamos al servicio de visitantes de todas partes del mundo. Desarrollemos herramientas y aplicaciones digitales que se adapten a sus preferencias y circunstancias individuales, que les permitan planificar y reservar los detalles de su viaje con anticipación a su llegada. Que puedan navegar nuestra geografía, conocer y localizar destinos, acceder servicios de transportación, participar en eventos, trascender idiomas, conectar con guías y servicios, planificar y modificar sus itinerarios, proveer retroalimentación al instante y que con un solo “click” puedan obtener ayuda para resolver todo, desde preferencias hasta emergencias.

En Foundation for Puerto Rico proponemos que nuestro futuro económico depende de convertirnos en un destino de clase mundial. Miremos a Hawái, con solo el 40% de nuestra población, la economía del visitante genera más de $40 mil millones en actividad económica directa e indirecta y 150,000 empleos directos (seis veces la actividad nuestra). Hagámoslo prioridad y los equiparamos.

Usemos este poderoso medio tecnológico para que todo el mundo nos conozca y quiera llegar a Puerto Rico, para que lo pasen de maravilla y se vayan enamorados buscando siempre volver.

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Un mensaje del Gobernador al Pueblo

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

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Les ofrezco mí borrador de un mensaje que me gustaría escuchar del Gobernador al pueblo…

Confieso, que cuando entré en la gobernación pensé que con un mensaje optimista y poco alarmante podíamos responsablemente torear la situación económica – recaudar unas contribuciones adicionales, hacer algunos ajustes en las agencias, pagar un poco más de intereses en los bonos y, eventualmente, la economía se recuperaría. Me tomó por sorpresa qué las agencias fiscalizadoras nos bajaran las calificaciones de nuestros bonos después de mostrar tanta buena fe y disciplina y de cumplir con todas sus recomendaciones. Pero la verdad es que en nuestra Isla llevamos tanto tiempo tapando el cielo con la mano que ya no tenemos suficientes manos para taparlo y la realidad está encima de nosotros. Vamos a tener que enfrentarla con humildad y transparencia al cambiar hábitos, costumbres y creencias muy arraigadas que nos han llevado a esta crisis.

Comencemos con desmentir el concepto de que cada puertorriqueño – empresario, comerciante, obrero, profesional, servidor público o gobernante  –  puede perseguir sus intereses individuales o escuetos sin preguntarse cómo va a crear valor en Puerto Rico. Ya no hay margen para el egocentrismo, para el oportunismo cínico, para reclamar derechos sin importarnos cómo se consiguen y quitarle a otros lo que no nos corresponde, para promover proyectos insostenibles y caprichosos o para proyectar ficciones como la verdad; porque los recursos locales son limitados y se están agotando a pasos agigantados.

Tenemos que transformar nuestra economía con una visión estratégica que crea nuevas oportunidades para todos. Contamos con los recursos de materia, maquinaria y talento necesario. Las posibilidades son muchas, pero tenemos que ponernos de acuerdo en la ruta a seguir, porque sin ella caminaremos todos en distintas direcciones y no llegaremos a ningún lugar.  A continuación les ofrezco una brújula que nos sirve de guía para orientarnos. La dirección estratégica que propongo no fue desarrollada por la perspectiva unilateral de un gobierno, sino por un amplio junte de ciudadanos y organizaciones de carácter multisectorial y multipartidista. Aprovecho mi tribuna como Gobernador para enfatizar la importancia de unirnos en la misma y mi compromiso a respaldarla en lo que al gobierno le corresponde, pero les adelanto que esta propuesta para el desarrollo económico no es solo para el gobierno, sino para TODO Puerto Rico.

Para que nos movamos en una nueva dirección con éxito, tenemos que atraer nuevos ingresos externos a nuestra economía local, creando valor para el mundo. ¿Qué tenemos que ofrecerle al mundo? Mucho, tenemos gente talentosa y educada con experiencia valiosa, buena infraestructura física y tecnológica, un clima maravilloso, una gran belleza natural, una situación geográfica estratégica, accesibilidad aérea y marítima de clase mundial, acceso privilegiado al mercado de los Estados Unidos y una cultura auténtica con múltiples dimensiones artísticas, musicales y gastronómicas y tanto más!

Seamos creativos e innovadores al decidir esta nueva ruta colectiva para asegurarnos que aproveche y nos conecte a nuestras oportunidades con el mundo. Atrevámonos a caminar por donde nunca antes hemos ido y consideremos  las opciones. Escojamos la ruta con cuidado y persigamos las oportunidades unidos, porque el mundo es grande y sus oportunidades están a nuestro alcance si no nos diluimos. Tenemos que lograr que el mundo se enamore de Puerto Rico – para que nos visiten y disfruten la magnífica experiencia, avalen el producto de nuestras empresas de exportación, de servicios, de tecnología y de conocimiento, para que inviertan en nuevas empresas que sirvan al mundo y como un nuevo hogar para todos aquellos que vengan o regresen a crear oportunidades.

Tenemos que reducir nuestra dependencia en las importaciones viéndolas como son, no como motor de desarrollo económico, porque no lo son. Son una necesidad práctica porque hay muchas cosas que no podemos producir localmente. No debemos subsidiar ni a las importaciones ni a los importadores y menos las transnacionales. Es un mito que crean empleos, más bien reducen empleos porque desplazan las empresas locales y mueven el valor añadido fuera de Puerto Rico. Sí, podemos y debemos consumir más productos locales. Tenemos que entender la importancia de esto ya y cambiar hábitos y costumbres para aprender a distinguir al comprar, optando primero por lo nuestro.

Si dejamos a un lado diferencias ideológicas, político-partidistas y de clase y nos comprometemos todos con este gran proyecto de perseguir nuestras oportunidades económicas en el mundo, nos vamos a sorprender de cuan rápidamente las cosas pueden empezar a mejorar. Humildemente comprometo a mi gobierno a echar a un lado el protagonismo y el partidismo y hacer todo lo necesario para que esta transformación se dé. Así mismo, necesitamos que todos los sectores de la sociedad nos comprometamos a trabajar juntos para construir un nuevo Puerto Rico.

Otro Puerto Rico

por Jon Borschow y José Joaquin Villamil

Aún en momentos como el actual, podemos aspirar a un mejor Puerto Rico, uno en que la mezquindad política ceda a la unión de todos por buscar soluciones, en que mirar el futuro de noviembre en noviembre ceda a una visión concertada de un mejor futuro para las nuevas generaciones.

Ese otro Puerto Rico debe también estar firmemente anclado en un entendimiento de nuestro entorno global y de las transformaciones que en él ocurren.

Cuando Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel en Economía visitó Puerto Rico, dijo que no desperdiciáramos la crisis que nos ha caracterizado por varios años. Tiene razón Stiglitz, de las crisis surgen las transformaciones necesarias.

Para muestra no hay nada más que ver la historia. De la Gran Depresión de los años treinta, en los Estados Unidos, surgió lo que es aún hoy una nueva manera de gobernar y de afrontar los problemas sociales y económicos.

Lo mismo podría decirse de otros países en Europa, Asia y aún en nuestra América, donde las grandes transformaciones surgieron de crisis profundas.

En China una crisis de insostenibilidad ambiental, económica, y poblacional ha impulsado la transformación socio-económica más importante en la historia. En una sola generación, un país de 1,300 millones se ha movido del hambre y la pobreza a convertirse en la economía más grande del mundo; se ha movido de un comunismo dogmático, cruel y esclavizante a un proyecto pragmático y empresarista para mejorar la prosperidad y la salud de su pueblo persiguiendo oportunidades económicas en el mundo.

Cuenta con una visión ambiciosa y expansiva de una nueva China como líder mundial, no solo en la productividad manufacturera, sino en la tecnología y la innovación.

UNA CRISIS DE VISIÓN. La crisis que vive Puerto Rico no es solamente fiscal y económica. Peor es la crisis de visión que hemos padecido por décadas.

Sin una visión del futuro que queríamos como sociedad, fuimos ajustándonos al deterioro con medidas que lejos de movernos a una transformación renovadora, la pospusieron y los problemas que nos aquejan empeoraron.

¿Qué hacer? Lo primero y más necesario es reconocer que el modelo vigente de conducir la sociedad y atender los problemas económicos y sociales ya no responde a las nuevas realidades locales y globales.

Necesitamos un nuevo modelo que incorpore, no solamente versiones oficialistas de nuestro futuro, sino que recoja el sentir de una Sociedad Civil resurgente y lo haga parte integral de una nueva visión.

En efecto, que sea capaz de delinear, un modelo de sociedad que nos permita exitosamente perseguir nuestra oportunidad económica en el siglo XXI a través del fomento de las exportaciones industriales, de tecnología y de servicios innovadores, y el desarrollo de Puerto Rico como destino para el mundo a la vez que propicie la sana convivencia resultado de una sociedad incluyente, en que todos somos responsables por su devenir.

LO QUE SE NECESITA. Para lograr esa visión, es imprescindible que se hagan los cambios en las leyes, reglamentos y organizaciones del gobierno, así como también en la cultura, en el sentido amplio de la palabra, pues es lo que define como actuamos, como respondemos a los retos y como estructuramos las soluciones.

No podemos ser exitosos en la transformación con las mismas estructuras, procesos y cultura social que se engendraron en un mundo que ya pasó. Tenemos que transformar la cultura del crecimiento en la cultura de la sostenibilidad, sobre todo social.

EL ENTORNO GLOBAL. Necesitamos principios que nos ayuden a organizar los esfuerzos. En lo económico, es imprescindible que Puerto Rico parta de un entendimiento de la oportunidad que ofrece el entorno global.

A este se le puede llamar la exportación siglo XXI y la economía del visitante, actividad que no solo recibe personas del resto del mundo a través del turismo, sino que nos lleve a ser parte de las tendencias globales en la tecnología, que inserte nuestra cultura y nuestras empresas en las oportunidades globales.

MODELO PARA EL MUNDO. Podemos ser nuevamente un modelo para el mundo, ahora por nuestra capacidad de gobernar de manera incluyente sin dejar de ser jugadores efectivos en el escenario global.

Debemos repensar la manera en que hemos definido el desarrollo. El Premio Nobel A.K. Sen lo define como el proceso de expandir las oportunidades económicas, la libertad individual, el acceso a los servicios sociales, la seguridad y la transparencia. Está implícito en esta definición que el desarrollo es para todos – reducir la desigualdad y la aumentar la movilidad social deben ser prioridades – pero igualmente fomentarlo es responsabilidad de todos.

Aprovechemos esta crisis para forjar una nueva visión, ambiciosa y transformadora para Puerto Rico. Creemos juntos una sociedad integradora y no excluyente para asumir nuestro rol en el mundo.

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Olimpiadas de la Prosperidad

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

“Puerto Rico es un gran destino para el mundo, ya sea para vacacionar, estudiar, vivir, trabajar, invertir o exportar”

Parece como si hubiésemos llegado a las Olimpiadas de la Prosperidad sin saber a qué vinimos. Mientras en algunos países entrenan con bates baratos o practican en pistas llenas de agujeros y en otras partes se arriesgan a que los fanáticos del Estado Islámico los acribillen en las piscinas, nosotros no sabemos si vinimos a jugar pelota, pista y campo o a nadar en estilo de braza.

Nosotros, teniendo equipos de primera amontonados en una esquina, preferimos recostarnos. Entre cervezas bien frías, “jangueamos” y escuchamos música en el último iPhone, lamentamos nuestra mala suerte, el execrable estado, la maldita metrópolis; les echamos la culpa a los acaudalados abusadores y a los pobres perezosos; no podemos hacer nada hasta que nos bajen la luz, suban el IVA, cambie el status, nos den otra 936 o llegue un mesías.

Conocemos todas las respuestas a las preguntas que no vienen al caso, pero no nos ponemos de acuerdo sobre quiénes tenemos que ser para competir en la economía mundial del siglo XXI. Allá afuera, países de nuestro tamaño se preparan para la contienda con la estrategia y disciplina de los mejores equipos olímpicos. Saben en lo que son buenos y concentran sus energías en mejorar más todavía.

En Irlanda, todo el pueblo -hasta los taxistas saben cuál es la oferta del país. Tienen una visión, una estrategia, un plan y lo ejecutan. Resultado: un Producto Nacional Bruto de $200,000 millones y 1.8 millones de empleos.

Singapur, con una octava parte del territorio de Puerto Rico, va por el sexto capítulo de su estrategia de transformación. Resultado: un PNB de $300,000 millones y 3.6 millones de empleos.

En Israel, que vive el ambiente más hostil del mundo y gasta en defensa militar más del doble del presupuesto total del gobierno de Puerto Rico, producen Premios Nobel, patentes a granel y comercializan tecnología que transforma el mundo. Resultado: un PNB de $300,000 millones y 3.6 millones de empleos.

En Puerto Rico, estamos estancados y mirando por el espejo retrovisor. Resultado: un de PNB $70,000 millones y respecto a los empleos, un millón y decreciendo.

Nosotros tenemos que competir en las Olimpiadas de la Prosperidad con estrategia y disciplina. Vamos a empezar por la oportunidad más obvia y la única que nos va a sacar del hoyo en los próximos cinco años. Puerto Rico es un gran destino para el mundo, ya sea para vacacionar, estudiar, vivir, trabajar, invertir o exportar. Somos un destino privilegiado, maravilloso y hasta mágico, en el que los que llegan (sea por casualidad o por desconocimiento) invariablemente tienen una reacción positiva, magníficas experiencias y deseos de regresar para seguir explorando nuestro encanto. Lamentablemente, el 95% del mundo ni siquiera nos conoce; es más, el 99.7% de las 1,200 millones de personas que anualmente viajan fuera de su país, nunca llegan a Puerto Rico. Qué oportunidad.

En la Fundación decimos que “el mundo es grande y cabe en Puerto Rico” y es cierto. Tenemos muchísima capacidad para recibir visitantes; Puerto Rico es mil veces más grande que Manhattan, que anualmente recibe 50 millones de turistas, generándole a Nueva York $70,000 millones -lo que produce nuestra economía completa- y casi 400,000 empleos.

¿Cómo logramos que el mundo nos conozca? A través de una estrategia de mercadeo digital –los “blogs”, los Google y los Facebook de la vida- que nos permita acceder al mercado mundial con un alcance y una rapidez que la publicidad tradicional no ha permitido. Ofrezcamos al 95% del mundo que no nos conoce, narrativas visuales, textuales y auditivas que relaten las magníficas y diversas experiencias que ofrecemos, digitalmente categorizadas y filtradas para que cada potencial visitante pueda ver nuestra oferta adaptada a su perfil de intereses. Esto es el futuro.

Vamos a alinear nuestra visión en torno a esta gran oportunidad. Trabajemos juntos por Puerto Rico para competir y ganar en las Olimpiadas de la Prosperidad.

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Inauguración del Colaboratorio: Mensaje de Jon Borschow

Amigos, compañeros, colaboradores, líderes gubernamentales y empresariales, comunitarios y gremiales, empresarios sociales y trabajadores en pro de Puerto Rico y a todos nuestros distinguidos invitados.

¡Buenas noches a todos! Bienvenidos al Colaboratorio, nuestra nueva casa y, desde hoy, también la casa de todos ustedes, nuestros apreciados invitados.

Me uno al saludo protocolar para hablarles sobre la visión de Foundation for Puerto Rico y porqué nos encontramos aquí esta noche.

El vídeo que acaban de ver habla de lo que hay detrás de todo lo que hacemos en Foundation for Puerto Rico.

Un mejor Puerto Rico, exitoso y próspero, no solo es posible sino está al alcance de todos nosotros. Contamos con todos los activos que necesitamos para lograrlo.

Tenemos que unirnos y alinearnos para juntos perseguir una misma visión de transformación. Salir de la inercia en que nos encontramos, es un asunto de despertar a las posibilidades que nos esperan si trabajamos al unísono.

Despertar no es fácil. Despertar requiere que miremos fuera de nuestros horizontes. Y para eso se necesita visión. Foundation for Puerto Rico surge de la necesidad de despertarnos a las posibilidades que nos trae una visión compartida y de entonces demostrarle al mundo, con nuestra visión y nuestra acción, que somos mucho más que nuestro maravilloso territorio de 100 x 35.

Puerto Rico es talento, ese talento que tanto orgullo nos da cuando ponen nuestro nombre en alto. Ahora queremos lograr que esas voces, que todas las dimensiones de nuestro talento, salgan al mundo, pero trabajando desde aquí — porque no necesitamos exportar nuestro talento, nuestro capital humano, sino exportar el valor que creamos con él.

Nuestra misión es servir como catalizadores en la transformación de nuestra Isla,  promoviendo la colaboración para impulsar estrategias medulares — como la economía del visitante (que incluye todas la dimensiones del a oportunidad económica de PR como destino para el mundo) y la exportación del siglo 21 (que incluye todo producto, físico o virtual, tecnología, conocimiento, que podamos exportar al mundo) — para lograr un país próspero e insertado en una economía global cada día más robusta y más dinámica.

Para lograrlo, Foundation for Puerto Rico sirve de enlace, punto de encuentro, intermediador de conocimiento, y facilitador del diálogo, para que diversas iniciativas nos  conectemos y colaboremos por el fin común de darnos una nueva cara ante el mundo y demostrar que en Puerto Rico todo es posible.

Primero a los de aquí, para que nos motivemos y nos unamos a este movimiento. Luego a la comunidad internacional, para que nos reconozcan por lo mucho que tenemos que aportar como creadores de valor relevante a sus sociedades y economías y para que vean las infinitas oportunidades y experiencias que ofrece Puerto Rico.

Lo que buscamos es lograr un compromiso de cada uno de ustedes – y de todos los que nos conozcan – para que adoptemos esa visión compartida de un Puerto Rico próspero, ahora, con oportunidades para todos. Que trascienda ideales partidistas e intereses sectoriales.

La transformación no se logra de manera segmentada; se tiene que proclamar en una sola voz para lograr resultados que impacten nuestra realidad económica y social, que ya no aguanta más.

Foundation for PR procura unir a Puerto Rico alrededor de una visión de oportunidad para todos. Puerto Rico nos necesita ahora y nos exige absoluto compromiso y excelencia en las gestiones que hagamos en su nombre. No hay espacio para esfuerzos a medias, hay que creer en su potencial y echar el resto!

Puerto Rico es un destino extraordinario para el mundo y podemos llevar tanto allá afuera – pero, primero es necesario que nos miremos dentro de ese mundo, — que entendamos la riqueza – intelectual, cultural, y social – y como aprovechar nuestro clima, nuestra ubicación geográfica y nuestra infraestructura para nuestra gestión con el mundo. Inclusive, aquí tenemos el honor de contar con varias  obras de arte y diseño producto de nuestro talento – que, de paso, les invito a que las aprecien porque reflejan  el espíritu y el propósito de El Colaboratorio,  que simbolizan el despertar a esa posibilidad de que, sí, el mundo es grande… y cabe en Puerto Rico.

¿Cómo Foundation for Puerto Rico logra esa transformación?

Principalmente nos enfocamos en dos estrategias:

En primer lugar, desarrollamos iniciativas que sirven para conectar los elementos y actores necesarios que sustentan la visión estratégica de la economía del visitante y la economía del siglo 21.

Esto se trata de dos acciones básicas: atraer el mundo hacia nosotros como destino y llevar el producto de nuestro talento hacia el mundo.

Ese flujo de interacciones es el que le dará a Puerto Rico más y mejores oportunidades económicas. Es lo que va a lograr que una joven microempresaria del centro de la Isla (sea su oferta gastronómica, artística, intelectual, física o virtual) tenga nuevos clientes en carácter de visitantes de todas partes del mundo; pero que también  le permita soñar con que su producto trascienda los confines de su pueblo y se exporte a otros mercados en los lugares más remotos del mundo.

Por otra parte, en Foundation for PR también impulsamos y apoyamos iniciativas de otras entidades – que nos acompañan aquí esta noche – con recursos, apoyo técnico y todos los elementos necesarios para que organizaciones de impacto en la transformación de Puerto Rico, lo logren y puedan llevar sus proyectos a la escala necesaria.

Una de esas herramientas lo es este espacio que inauguramos hoy. El Colaboratorio by Foundation for Puerto Rico.

La idea de este lugar nace de la necesidad de potenciar proyectos importantes en el tercer sector. Aquí cuentan con un lugar de encuentro, privilegiado en recursos tecnológicos, para adelantar sus gestiones — lleno de arte para estimular la creatividad, pero más importante aún, con múltiples dimensiones de apoyo humano y redes de contactos y colaboradores más allá de las que cualquier organización individual pudiera desarrollar o costear.

El Colaboratorio es más que una estructura, es nuestra misión convertida en un espacio tangible – Es el lugar donde residen aquellos que sueñan incansablemente, que han decidido quitarse las vendas para ver el Puerto Rico que es posible. Es el espacio para aquellos que entienden que esa visión será una realidad solo en la medida que nos apoyemos, nos entendamos, que trabajemos con inspiración, intención y acción colectiva.

Trabajar por Puerto Rico requiere más que un espacio con tecnología y recursos físicos o capital humano. Requiere que seamos innovadores en todo lo que hacemos y que miremos más allá del 100 x 35, requiere un espacio que aprecie el valor de cuestionarnos si de verdad somos 100 x 35 — o 3.5 millones — o si somos muchos más, que reconozcamos el valor de proclamar todo lo que somos y podemos ser, el valor de tender puentes sumando a una diáspora que nos duplica y a tantos más, amigos y admiradores de todas partes que necesitamos integrar a este esfuerzo, reconociendo las oportunidades que el mundo nos ofrece para tejer las redes que nos darán a conocer y traer a casa el capital económico e intelectual que necesitamos para construir nuestro gran futuro.

Por eso, dentro del Colaboratorio hemos creado el Programa Acelerador de Innovación Social, o PAIS. Este es un programa que ayudará a los Colaboradores Residentes, como cariñosamente le llamamos a las organizaciones que comparten el espacio con nosotros, así como a la Fundación, a fortalecer, potenciar y acelerar los propósitos de cada uno. Hoy somos colaboradores residentes:

  • ConPRmetidos
  • Centro de Investigación y Política Pública / Abre Puerto Rico
  • Salón Literario LibroAmérica / Festival de la Palabra
  • Centro para Emprendedores
  • Inversión Cultural
  • Juntos por Puerto Rico
  • Agentes de Cambio un proyecto creado por Seriously Creative
  • Y el equipo de Foundation for Puerto Rico

Quiero aprovechar esta ocasión para también agradecer a todas las organizaciones que se han unido a nuestro proyecto, las que han encontrado aquí su casa y todas las muchas que ya han colaborado con nosotros, dentro y fuera de este espacio, en proyectos que ya han rendido y siguen rindiendo frutos para la transformación de Puerto Rico.

Lograr hacer este espacio una realidad fue posible gracias a un grupo de colaboradores que compartieron nuestra visión y soñaron junto a nosotros.

Quiero hacerle un reconocimiento y agradecimiento especial a los arquitectos Maria Rossi y Fernando Lugo por haber logrado capturar esa visión y hacerla una realidad en un diseño estéticamente precioso, práctico e innovador.

A Nick Prouty de Putnam Bridge por su generosa acogida a este proyecto y por ser un fiel creyente y promotor del potencial de Puerto Rico y a Columbus Network por permitirnos conectarnos al mundo.

No puedo terminar sin reconocer a Damaris Ocasio, COO de Foundation for Puerto Rico, quien se ha dedicado en alma, vida y corazón a este proyecto velando por cada detalle con la excelencia que la caracteriza hasta el último minuto (literalmente!!!)

Finalmente, quiero reconocer a la gran familia de FPR, que se ha unido para impulsar nuestra visión, nuestro Colaboratorio y esta gran actividad de celebración.

Espero que este espacio, el proceso creativo que lo MATERIALIZÓ y que lo anima y todo lo que logre dentro del y dentro de las organizaciones que lo ocupan sea una metáfora para un nuevo Puerto Rico.

A continuación les presento esta pieza que hemos desarrollado para mostrarles en concreto de qué se trata el Colaboratorio. ¡Que lo disfruten!

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Somos el destino

por Jon Borschow, Presidente de Foundation for Puerto Rico

Mientras dormíamos, arropados por la ilusión de que éramos sabios y autosuficientes, nos cayó encima el siglo XXI. Mientras peleábamos por tonterías, el mundo nos dejó atrás. Mientras nuestros líderes bailaban y nos hacían bailar al ritmo de su “jingle” del momento, malgastamos y nos endeudamos de manera insostenible.

Mientras aquí dormíamos, en el resto del mundo la creación de valor a través de la innovación y el conocimiento ha ido desplazando los motores tradicionales de desarrollo económico. Mientras nuestro modelo educativo se estancaba, el mundo produjo millones de ingenieros y científicos. Mientras importábamos y consumíamos, otros aprendieron a exportar conocimiento, tecnología y servicios y nosotros a exportar nuestro talento. Mientras disputábamos cuál idioma era la prioridad y no enseñamos ninguno bien, el mundo aprendió a ser multilingüe Mientras seguimos buscando cómo zapatearnos, individual y colectivamente, del lio que hemos creado, nos seguimos hundiendo.

La realidad no nos quita el puño de la cara, tenemos los acreedores en la puerta, tenemos que tomar medidas con el fisco y con la deuda. Hay que reformar el gobierno -romper el ciclo del bacalao, del guiso y del buscón- impulsar la transparencia y corregir la improductividad de tantas agencias. Igualmente, tenemos que reformar el sector privado que ya no sabe lo que es crear valor y ha confundido el concepto de innovación con la creación de campañas de publicidad. Aun así, ningunas de estas medidas nos salva, si no entendemos el mundo del siglo XXI.

Usemos la alquimia sicológica para convertir estas difíciles realidades en oportunidades. Un mundo cada día más rico busca nuevos destinos y experiencias únicas que traducen en una enorme industria “economía del visitante”. Valorada globalmente en $9 billones anuales, Puerto Rico (un destino de clase mundial) captura solamente $7,000 millones.

Puerto Rico es un destino que permite innumerables experiencias como vacacionar, vivir, establecer empresas mundiales, mejorar la salud y educarse; así como inspirarse y recalibrar la vida, refugiarse del frío y hasta del calor. Tenemos la localización geográfica perfecta, un clima insuperable, belleza natural envidiable y mucho más que playas. Contamos con infraestructura física y tecnológica, excelente accesibilidad interna, aeropuertos de alcance intercontinental y puertos para cruceros. Tenemos profundidad intelectual, cultura auténtica, calor humano, sentido de humor, música, baile, arte y gastronomía.

Duplicando nuestra “economía del visitante” a $14,000 millones, podemos crear 70,000 empleos sostenibles. Se van a llenar los hoteles, posadas, paradores, casas de playa, apartamentos y habitaciones alrededor de la isla. Se van a llenar los museos, galerías, conciertos, restaurantes y chinchorros. Se van a llenar las universidades y se fortalecerá la industria de la salud. Vamos a convertirnos en la isla de las convenciones y festivales. Vendrán voluntarios a limpiar las playas, a cosechar el café y a jugar dominó en las plazas. ¡Vendrá el mundo a aprender cómo se hace!

Para que esta visión se realice, tenemos que entenderla y compartir las oportunidades de eslabonamientos que crea para todos. Tenemos que activar nuestros genes colaborativos e invertir nuestra energía y talento colectivo en diseñar y desarrollar una “economía del visitante” a la altura del siglo XXI, visionaria, avanzada, digital, sofisticada y comprometida con la excelencia.

Tenemos que usar nuestras organizaciones comunitarias para establecer redes de proveedores y diseñar experiencias para todos los gustos. Nuestras universidades para educarnos sobre los temas relevantes y crear narrativas y estrategias. Nuestras empresas locales de tecnología de información para desarrollar plataformas digitales que nos conecten directamente con potenciales visitantes de todas partes. De todo este trabajo, surgirán las políticas públicas que le tocará al gobierno implantar.

Si invertimos nuestra alma y nuestro corazón en transformarnos en torno a esta nueva visión, la economía va a crecer y las dolorosas y disputadas medidas para tratar de salvar el fisco no serán en vano. No hay otra estrategia que nos saque de esta recesión. Invito a nuestros líderes políticos, empresariales y comunitarios a que juntos la hagamos realidad.

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Puerto Rico, a Destination for the World

by Jon Borschow, President Foundation for Puerto Rico

While we were sleeping, blanketed in the illusory notion that we were wise and self-sufficient, the 21st-century happened. While we were squabbling about nonsense, the world moved on. While our leaders danced and had us dance to the rhythm of their jingle of the moment, we squandered our capital and went into debt, unsustainably.

While we were sleeping, the rest of the world learned how to create value with innovation and knowledge creation displacing the more traditional engines of economic development. While our educational model languished, the world produced millions of engineers and scientists. While we imported and consumed, others learned to export – knowledge, technology and services, and we exported our talent. While we argued about which language was the teaching priority and taught neither well, the world learned how to be multilingual. While we continue to look for ways to wriggle our way out of the mess we have created, we continue to decline.

Reality is in our face, we have our creditors at the door. We have to take measures with our budget and our debt. We need to reform the government – to break the cycle of pork barrel patronage, to promote transparency and to remedy the extraordinary lack of productivity in so many government agencies. We also need to reform a private sector that no longer knows how to create value and has confused innovation with advertising campaigns. None of this is enough to save us if we don’t understand how the 21st-century works.

We need to perform psychological alchemy to transform these difficult realities into opportunities. A world that grows richer every day, seeks new destinations and unique experiences. That translate into a huge new industry – the “visitor economy”, annually worth $9 trillion worldwide, of which Puerto Rico (a world-class destination) captures only $7 billion.

Puerto Rico is a destination which provides a great variety of experiences for those who seek to vacation, to flee from the cold or even from the heat, to make a new home, pursue education, find inspiration, recalibrate our lives, or pursue various other forms of self-improvement and even establish global businesses. We have an ideal geographic location, an unbeatable climate, and enviable natural beauty far beyond our wonderful beaches. We have physical and technological infrastructure, excellent internal road access, and multiple airports that support long-range wide body aircraft as well as seaports for cruise ships. As a society, we have intellectual depth, an authentic and constantly evolving culture, great human warmth and a sense of humor, music, dance, art, and an extraordinarily diverse gastronomic offer.

Doubling our “visitor economy” to $14 billion a year, we can create 70,000 sustainable jobs. It’s enough to fill up our hotels, inns, guest houses, beach houses, apartments, and rooms for rent as well as our museums, art galleries, concert halls, restaurants, and all the other fun and informal places to eat all around the island. Our universities will thrive with thousands of international students and our health industry will be strengthened by medical tourism visitors. Let’s become the premier island destination for conventions and festivals! I can see idealistic young visitors heading to the country side to help us harvest our coffee, keep our beaches clean, and join the locals in domino matches in the town squares. Eventually, the world will come to learn how it’s all done!

For us to successfully achieve this far-reaching vision, we have to first fully understand its possibilities and implications, and then we make sure that we build in all the linkages that ensure that opportunities are created for all. We have to reactivate our collaborative genes and invest our collective energy and talent as a society in designing and developing a “visitor economy” at a 21st-century level, visionary, advanced, digital, sophisticated, and committed to excellence.

We have to use our community organizations to establish networks of qualified providers and design visitor experiences that appeal to all tastes; our universities must educate us on all the relevant subject matters and to create narratives and strategies; we need our local information-technology businesses to develop digital platforms that allow us to connect directly with potential visitors from around the world. And all of this work must be supported by new public policy from the government.

If we put our heart and soul into transforming ourselves around this new vision, our economy will grow and the painful and fractious measures to rescue our finances will not have been in vain. There is no other strategy that is going to get us out of this recession. I invite our political, business and community leaders to come together and make it happen.

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Despertar navideño

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

Estamos atravesando la mayor crisis económica en más de medio siglo, pero seguimos confundidos y divididos sobre cómo remediarla. Nuestra confusión me recuerda la parábola de los seis sabios ciegos y el elefante. Dejándonos llevar por las limitaciones de nuestros conocimientos periciales y sectoriales o por la ceguera de nuestros intereses individuales, hemos agarrado la parte del elefante que nos concierne y nos hemos pronunciado con certeza sobre cómo es el elefante, o sea, hacia dónde Puerto Rico se tiene que dirigir.

Divididos por narrativas ideológicas, político-partidistas, sectoriales y de clase; sin vernos como una comunidad, hemos propuesto rumbos y prioridades contradictorias, mientras que la marea de la adversidad económica va subiendo y el elefante no se mueve. Por casi cuarenta años fui empresario y aprendí que para tener éxito una organización tiene que tener un rumbo y contar con el compromiso de su gente… un país también. Si no nos ponemos de acuerdo en lo que somos y hacia dónde nos tenemos que dirigir, la marea nos va a llevar pa’ lo hondo y, cuando sube la marea, sube rapidito y ya nos está llegando al cuello.

Vamos a comprometernos a dejar de pelear por las migajas del pastel local para colaborar y juntos perseguir el pastel grande que está allá afuera en el mundo. Echemos a un lado las actitudes cortoplacistas como el protagonismo y el egocentrismo, a terminar con la gansería y la jaibería, a repudiar el chanchullo y la trampa y a marginar al buscón y el aprovecha’o. Dejemos de tirarnos la puñalada y el codazo para darnos la mano y el abrazo. ¡Vamos a prosperar, no a expensas del hermano, sino añadiendo valor al mundo! Si no, dejaremos que los irlandeses, islandeses, singapurenses, colombianos y, ahora, los cubanos nos coman los dulces.

Vamos a ponernos de acuerdo, establecer prioridades y empezar a darle rumbo certero a nuestro elefante colectivo uniéndonos alrededor de una sola visión de Puerto Rico -como un destino para el mundo- y perseguirla con todo nuestro afán. Pongámonos como meta convertirnos en el centro geográfico, aéreo, comercial, tecnológico, educativo y diplomático, en un eje de intercambio, bilingüe y bicultural, para las Américas y para el mundo.

Seamos un destino donde las empresas más dinámicas y los empresarios innovadores más talentosos en el mundo se ubiquen y, hombro a hombro con los nuestros, produzcamos y exportemos desde nuestra Isla a nuestra región y al mundo entero productos que son valiosos en el siglo XXI.

Seamos un destino para que todo tipo de visitante venga a vacacionar, mejorar su salud, educarse, invernar y veranear. Que disfruten de una experiencia auténtica con nuestra música, arte y cultura, gastronomía y nuestros paisajes.

Vamos a eliminar de nuestra mente la noción de que la economía del visitante es una parte menos importante de nuestra economía. Representa más de $4,000 millones de ingresos directos y 50,000 empleos. Es la única parte de nuestra economía que está creciendo y su impacto indirecto e inferido más que duplica su valor. Todo esto lo logramos con alrededor de dos millones de visitantes y nuestros aeropuertos y puertos marítimos pueden acomodar muchos millones más. No es irrealista aspirar a $20,000 millones y más de 100,000 empleos. Si logramos la mitad, acabamos con la recesión.

Para tomar un nuevo rumbo, necesitamos iluminar el nuevo camino con mucha luz, la luz de la verdad compartida, de la solidaridad de ideales y la honestidad de intenciones. Vamos a aprovechar esta época navideña para comprometernos con nosotros mismos a juntarnos en visión y pensamiento, a arriesgar y sacrificar algo de lo nuestro individual para juntos crear algo de valor para el mundo y, así, un Puerto Rico futuro lleno de oportunidad para todos.

Vamos a romper con narrativas arcaicas que nos dividen. Persigamos nuestra oportunidad en el mundo trabajando juntos por Puerto Rico. El momento es ahora y la prioridad es alta. ¡Atrevámonos a aprovecharlo y unámonos a echar a andar nuestro poderoso elefante colaborativo!

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Imaginándonos cómo somos

por Jon Borschow, Presidente Foundation for Puerto Rico

Un reciente domingo me excusé de una salida familiar al cine para caminar por la calle Cerra y observar y participar de “Santurce es ley”, un evento cultural auténticamente puertorriqueño. Esta agregación de arte, gastronomía y música atrajo puertorriqueños de todo nivel económico a uno de los barrios más pobres y maltrechos de Santurce. Literalmente, se retomaron las calles típicamente demarcadas por puntos de drogas, hospitalillos y aceras-dormitorio, para actividades sanas donde padres, hijos y abuelos se animaban ante la riqueza de experiencias a disfrutar. El desfile de bicicletas transformadas en arte multimedia, las alcapurrias calentitas bajando a la calle desde el balcón de un segundo piso en baldes plásticos por medio de una polea y una soga para ser consumidas por parejas jóvenes vestidas de estilos individualistas que competían con los bicicleteros. El consumo de alcohol fue accesorio al consumo cultural y artístico, y no al revés.

Como observador, me dediqué a escuchar algunas conversaciones y a provocar otras. Descubrí que entre la multitud puertorriqueña habían gente que, hablando inglés, discutía cómo habían tenido la suerte de llegar a participar de esta experiencia. Le pregunté a uno de los galeristas cómo promovían que los que visitaban Puerto Rico pudieran llegar adonde ellos y me explicaron que se esforzaban en establecer relaciones con algunos de los taxistas para así lograrlo.

Me puse a pensar y a imaginar cómo sería este evento si se unieran a nuestra multitud miles de visitantes de todos los lugares del mundo para participar de esta experiencia. Que hubiera tantas personas interesadas en participar de una experiencia auténtica puertorriqueña que este evento continuara como una instalación tan permanente como nuestros Museos de Arte, nuestro Conservatorio y nuestro Centro de Bellas Artes. Que todas las noches hubiera obras teatrales en el Ambassador y el Matienzo y que la Ponce de León fuera la sede de hoteles y restaurantes frecuentados por gente que hablase español con diversos acentos, portugués, italiano y francés y, por qué no, mandarín, japonés, ruso y, desde luego, inglés.

Imaginemos a un millón de visitantes adicionales que llegasen anualmente a Puerto Rico y todos ellos interesados en participar en todas las dimensiones de nuestra experiencia auténtica: la experiencia de “Santurce es ley”, la de la calle Loíza y la de Casa Blanca en la calle Tapia. Que viviesen la experiencia de Piñones, la del Caño Martín Peña, la de Puente Blanco en Cataño, la de Toro Verde, la del Museo de Arte de Ponce y de La Guancha, la de la Hacienda Buena Vista, las de Rincón, Joyuda, Fajardo, Maricao y de Toro Negro.

Todo esto encadenando y transformando las vidas de esos barrios como lo hizo durante un fin de semana un pequeño festival en la calle Cerra en Santurce.

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Imaginándonos como nos vieron

El-festival-de-la-Palabra-de-Puerto-Rico-reunira-a-40-escritorios-de-todo-el-mundo

En Japón, la tradición de las artes y la cultura es tan importante que las figuras artísticas y literarias de más distinción se elevan al nivel de “tesoro nacional”, una designación que permite que estos seres excepcionales puedan concentrar sus energías en su obra. En Puerto Rico, nuestros “tesoros nacionales” han tenido que enfrentar los tiempos que nos azotan con su propia iniciativa y capacidades de innovación; a veces con resultados extraordinarios.

Durante una semana llena de noticias de cierres y pérdidas de empleos, el Festival de la Palabra, producto de la mente fértil y energía ilimitada de un tesoro nacional, la talentosa autora Mayra Santos Febres, convergió en el Viejo San Juan la flor literaria de Iberoamérica. Este extraordinario evento atrajo a miles de visitantes al Paseo de la Princesa, el Arsenal de la Marina en la Puntilla y al Teatro Tapia con más de noventa eventos -lecturas, encuentros, presentaciones, charlas magistrales, debates, conversaciones, declamaciones, diálogos, paneles de discusión, premiaciones e interludios musicales. La ambición, profundidad y organización del evento parecían más allá de lo que se considera posible en Puerto Rico.

En esa joya internacional histórica y arquitectónica que es el Viejo San Juan, tuve la oportunidad, junto a miles de puertorriqueños de todos los sectores sociales, de participar de diálogos con autores, poetas e intelectuales argentinos, brasileros, chilenos, uruguayos, colombianos, peruanos, dominicanos, haitianos, guadalupenses, cubanos, guatemaltecos, nicaragüenses, mexicanos, catalanes, madrileños, gallegos, navarrenses, zaragozanos y mallorquines, portugueses, alemanes, franceses y hasta de la Guinea Ecuatorial.

Estos visitantes no se limitaron a sus participaciones en el Viejo San Juan, sino que recorrieron la Isla entera en un proceso orquestado, llegando a nuestros pueblos, participando en decenas de eventos en nuestras escuelas, conversando con nuestros jóvenes (nuestro futuro caudal) y exponiéndolos a ese Mundo Grande que por una semana cupo en Puerto Rico. Ahora estos poetas y autores, estrellas de la palabra, regresan a sus países nativos con sus corazones y memorias llenos de entusiasmo por la belleza de su experiencia y por el encanto auténtico de un pueblo.

Este intercambio nos eleva ante los ojos del mundo, desmantelando estereotipos nocivos que se han creado en el vacío de nuestra ausencia presencial en un mundo que apenas conocemos y que apenas nos conoce. Es en ese gran mundo en la periferia de nuestro consciente que yace nuestra futura oportunidad. Un Puerto Rico como destino internacional, como eje de intercambio multilingüe y multicultural, como centro de una economía integral y solidaria, basada en la innovación y el conocimiento. En las calles de San Juan y las montañas de Maricao, en el caño de Martín Peña y el cañaveral donde la guajana es flor y símbolo, en el tejido cultural e intelectual de nuestra Isla, está nuestro futuro éxito.

El Festival de la Palabra se tiene que salir de la periferia de nuestro consciente. Tiene que dejar de ser la visión y proyecto de una mujer extraordinaria y su equipo de trabajo incansable para convertirse en modelo de desarrollo y prioridad para todo puertorriqueño.

El próximo festival y, en todos los eventos que celebren la diversidad cultural e intelectual, tenemos que trabajar juntos -gobiernos y comunidades, empresas sociales y capitales, grandes y pequeñas- para asegurar que se desborden de peregrinos culturales nuestros hoteles y hostales; que nuestros aeropuertos se llenen de vuelos, regulares y fletados llegando de todas partes del mundo con visitantes que vienen a recorrer nuestras calles, nuestras montañas, nuestros pueblos y a conocer nuestra alma. ¡Así vinieron y nos vieron y así como nos vieron, nos tenemos que imaginar!